No hace mucho vino a verme una chica que se casaba la semana siguiente. Estaba totalmente nerviosa. Me contó acerca de su noviazgo, mi conclusión fue que había llevado un noviazgo razonable poniendo los medios para conocerse, habían procurado hablar de lo importante de la vida. En fin, habían puesto los medios para que su matrimonio funcione. A pesar de ello, la chica estaba muy nerviosa. Es lógico. Va a tomar una decisión importante, y ante toda decisión que afecte a la vida de una persona, es normal que las personas se retraigan un poco, se sientan débiles. Mucho más si es una decisión donde, de una manera clara, todos tenemos en la cabeza que nos jugamos la felicidad.
Yo le recomendé tranquilidad y que ese estado de ánimo, forma parte de lo que una persona tiene que pasar, para tener una boda en la cual los contrayentes han metido el sentido común. Como se que lo que estoy escribiendo, antes o después, lo leerán personas que estén en esa circunstancia, puedo decir más. Lo razonable es que, más pronto o más tarde, ocurran cosas como esas.
Lo chocante es lo contrario, ve uno a veces personas que van a casarse con una paz, una tranquilidad, que algunas veces le hacen pensar a uno: ¿Pero estos saben lo que van a hacer? ¿Saben que el matrimonio es una convivencia que en momentos se hace difícil?
Generalmente las personas que van pensando que si esto no funciona se rompe, o que es una solución a situaciones personales, por las que en un momento dado puede uno estar pasando, o razonamientos por el estilo, estos son los matrimonios que mas miedo dan a priori. Se da uno cuenta que son noviazgos sin madurar, bien porque las personas son inmaduras, o por que no se conocen lo suficiente. Consecuencia de esto que estoy diciendo son muchas situaciones que, antes o después, aparecen en los consultorios matrimoniales. Además, permítaseme un argumento intuitivo, cuando uno se casa sabe si está corriendo mucho riesgo o no, tiene una cierta intuición de cómo va a salir su matrimonio. Pensemos y actuemos