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QUÉ DIFÍCIL ES DECIDIR

Entre las situaciones mas complicadas en las que no encontramos los seres humanos, sin ningún género de dudas, nos encontramos con la toma de decisiones.

El decidir no es fácil, lo hemos dicho anteriormente, pero quiero remacharlo. En muchos casos, no ayuda la naturaleza humana, que con frecuencia, tiene algo de dubitativa, de obsesiva.

En un noviazgo es obvio que, antes o después, hay que tomar decisiones y decisiones serias y comprometidas. Es decir, hay que tomar la decisión en muchos casos más importante de la vida- ya sabemos que la felicidad de una persona no está en el tener cosas sino en el ser mejor- que es con quien compartirla. Es una decisión en la que hay que quemar las naves, no hay vuelta atrás, si la hay no es un compromiso vital. Y si no lo es lo más probable es que se fracase. No hace falta nada más que mirar alrededor de uno para darse cuenta de la verdad de lo que se está diciendo. Mucho del sufrimiento actual viene causado por no haberse comprometido de verdad cuando uno se comprometió, y como no lo hizo, siguió tonteando con el amor y al final lo perdió. Lógico.

Hay personas, que quieren medir matemáticamente, la posibilidad de éxito o fracaso. Fundamentalmente lo hacen, procurando ver los defectos de su pareja y prolongándolos en el tiempo, o bien queriendo tener una seguridad matemática en el éxito futuro. En el fondo, a lo que lleva todo esto, es a un calentamiento de cabeza, a posibles peleas y conflictos entre la pareja y, en el fondo, a no estar en la realidad.

La decisión, cualquier decisión, como dijimos antes, depende siempre de dos variables, la información y el riesgo. Por tanto, por mucha información que tengamos, cualquier decisión implica un riesgo. El cual no podemos evitar, ni soslayar, hay que enfrentarse a el.

Yo creo, que cuando uno decide casarse, en el fondo sabe como van a ir las cosas y si está arriesgando mucho. Sabe lo que el otro está dispuesto a poner para que la relación marche bien. No lo que dice que va a poner. Sino lo que de verdad pondrá de su parte, si la situación lo necesita. Sabe también, lógicamente, lo que uno está dispuesto a poner. Si esta seguro que el otro esta dispuesto a todo y uno también, las cosas irán, normalmente bien. Todo lo que se procura hacer bien, lo normal, es que salga bien. Lo que pasa es que ahora hay mucho alocado, y así nos va.

Quisiera dejar aparte los miedos que entran pocos días antes de casarse, de los cuales ya hemos hablado, y seguiremos hablando en seguida, que se pasan una vez casados y son productos generalmente de los nervios propios de la ocasión.


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