En la actualidad, hay una tendencia muy positiva que
consiste en cuidar y tratar como lo que son a los seres que
integran la naturaleza y a ésta como tal, no sólo como una
proveedora de materias primas. Así, de hecho, es como
empieza a mejorar nuestra relación con el medio ambiente:
invirtiendo dinero y personas, o sea, tratando al medio
ambiente como lo que es. Igual ocurre con los animales —
exageraciones al margen, que de todo puede haber—.
Siguiendo esta tendencia y llevándola al mundo de la
empresa, podríamos decir que, por lo tanto, a las personas
también habrá que tratarlas como lo que son, como personas.
Sin embargo, en algunos ambientes empresariales, ante este
razonamiento uno se encuentra con una cierta prevención:
con las personas hay que tener mucho cuidado ya que te pueden
engañar. Esta desconfianza inicial hacia la gente genera
más desconfianza y no es un buen camino. Controlando lo
que sea necesario y sabiendo específicamente qué misión
tiene el control, ¿hay alguna forma eficaz de dirigir personas
que no esté basada en la confianza? ¿Cómo se puede exigir a
una persona, si uno no confía en ella? ¿Qué respuesta nos
puede dar esa persona a nuestra exigencia si de entrada no
confiamos en ella? ¿Y si ella no confía en nosotros? Con toda
probabilidad, la respuesta a esto será un «trabajo defensivo»;
ése mediante el cual nos limitamos a cumplir y nada más.
Nunca veremos en un ambiente de desconfianza un trabajo
creativo, ilusionante, con capacidad de crecimiento y mejora.
¿Cómo se puede delegar en alguien en quien no se confía? ¿Cómo un colaborador nuestro puede tenernos informados de
cosas útiles para nuestro trabajo, si no confía en nosotros? Es
a todas luces imposible. Luego cuando se está diciendo que a
las personas hay que tratarlas como personas estamos expresando
que es la única vía válida que tenemos para dirigir eficazmente.
¿Cómo podemos dirigir algo tratándolo como lo
que no es? Si eso no ocurre ni con las plantas mucho menos
ocurre con unos seres vivos que tienen inteligencia, voluntad
y son libres. Quizá el secreto de la dirección de calidad esté
en la confianza en el hombre.
Con un control razonable, si una persona en la que confías
te engaña te vas a enterar igual sólo que un poco más tarde,
pero ganas a cambio el que tu equipo sepa que tú confías en
ellos. De la otra forma, con un control excesivo e irracional,
estás desconfiando de cada uno de los miembros del equipo,
incluso de aquellos que no te van a engañar nunca, cosa que
al final antes o después conduce a tener menos éxito del que
se podría haber obtenido. Y en la empresa tener menos éxito
por no hacer las cosas bien es una forma de fracasar.