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¿RECLUTAR AL MEJOR?

Un ginecólogo me comentaba una vez que una mujer embarazada era capaz de dar la vida por su hijo y, sin embargo, en muchas ocasiones no era capaz de dejar de fumar, siendo muy consciente de que fumar perjudicaba a su hijo. Esto me recordó comentarios que con frecuencia se hacen en el mundo empresarial en relación a ciertas —por llamarlas de algún modo— incongruencias que se dan cuando se trabaja con personas. En las empresas hay trabajadores que hacen grandes renuncias a causa de las exigencias de su trabajo, y se puede decir que muchas veces se actúa con un gran sentido de la responsabilidad y lealtad a la empresa. Pero también ocurre que, a la hora de reclutar personas, muchas veces la gente quiere candidatos que no les hagan sombra. Es decir, empleados de segunda categoría. A esto se refería Robert Stermer cuando dijo que los directivos de primera calidad contratan a gente de primera calidad, mientras que los directivos de segunda calidad contratan a gente de tercera calidad.

De manera que, sin darnos cuenta, podemos estar dándonos enteramente a la empresa y al mismo tiempo haciéndola peor, porque traemos a personas menos valiosas de lo que deberían ser. Y la estamos haciendo peor porque no podemos olvidar que las empresas están formadas por personas y no por productos. En consecuencia, a peores trabajadores, a la larga, peores empresas.

Si las personas tienen menos valía de la que debieran tener estarán perjudicando a la empresa y si eso es por nuestra culpa, obviamente, somos nosotros los responsables del desaguisado. Antes o después, esto se reflejará en la cuenta de resultados, aunque no sea de un modo mensurable, porque nunca se sabrá cuánto han perjudicado esos empleados a la empresa. Estas situaciones tienen lugar muchas veces cuando se trata de mantener o defender una posición a toda costa, lo que nos lleva a hacer alguna consideración. La primera sería que esas personas, esos directivos, no tienen muy claro qué es trabajar en equipo. Tendrían que darse cuenta de que cuanta más calidad tiene un equipo humano más posibilidades tiene de llegar a metas altas, de ser útil a la empresa y de destacar. Ignorar esto es tanto más absurdo cuando es el jefe del equipo el responsable de la mediocridad de sus miembros. La otra consideración —se podrían hacer muchas más— es que si nosotros no encontramos personas capaces de ejercer la función que estamos haciendo, o sea, que nos puedan sustituir, generamos una situación que impide que podamos movernos de la posición que ocupamos en la actualidad; por lo tanto, no podremos progresar. Por el contrario, si contamos con personas capaces de ocupar nuestra posición, tendremos una oportunidad de crecer personal y profesionalmente. Naturalmente, hay que añadir que cometemos una falta de justicia con la empresa y, por tanto, con las personas que componen la empresa cuando por mantener nuestra posición nos rodeamos de mediocres. Habrá quien piense que si lo que él hace no lo sabe hacer nadie más en la empresa obtiene más seguridad en su puesto. De acuerdo, pero ésa es la seguridad de los inseguros, la forma perfecta de no moverse del sitio y dejar de crecer. No podemos sacri-ficar por una inseguridad nuestra el posible crecimiento de todo un equipo, porque también sería una injusticia para los demás miembros del equipo.

En definitiva, si alguna vez tenemos que buscar personas, pensemos en el equipo y en el crecimiento del equipo más que en nuestro propio crecimiento, y olvidémonos de comparaciones personales con posibles candidatos. Ésta es a la postre la mejor forma de crecer uno y estar seguro y también, por cierto, de vivir la justicia.


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