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PERO ¿SOY CREÍBLE?

Hay personas que piensan que dirigir es una cuestión genética y sólo genética: el que nazca sabiendo mandar lo hará bien y los demás harán lo que puedan. Pero ésta es una visión simplificada, a veces interesada, de lo que es la gestión de personas. No voy a decir que no exista nada genético. Hay personas que nacen con unas cualidades determinadas para ser pintores, actores, escritores o jefes. De acuerdo, pero también hay mucho que aprender y, sobre todo, a la hora de dirigir personas, hay mucho que vivir.

Para empezar, debo tener unos valores profesionales y vivirlos. Es la única forma de generar confianza y sin ésta no se puede dirigir ni ser dirigido. Si uno cambia de valores según las situaciones en que se encuentre, está generando una gran desconfianza dentro del equipo porque está gobernando arbitrariamente, es decir, dirigiendo personas según su interés momentáneo o sus emociones.

Cuando falta coherencia en la dirección, la gente no se fía, no se atreve a ser creativa, está a la defensiva y se dedica a conservar el puesto de trabajo sin más. Su primer objetivo no será tirar de la empresa, sino evitar ser puesto en la calle.

Estas actitudes son producidas por una falta de coherencia en los valores, por una arbitrariedad que se convierte en el norte de la vida, por un estar en lo que me gusta o me interesa más que en lo que debo o la empresa necesita. Si no hay coherencia ni valores creídos y vividos, se cae en la arbitrariedad. La dirección arbitraria está haciendo mucho daño en la cuenta de resultados de las empresas. Es muy importante, por lo tanto, saber vivir la libertad a la hora de dirigir.

¿Seríamos capaces de poner por escrito los valores que tratamos de vivir? O, dicho de otra forma, ¿tengo una cultu-ra propia, personal, como líder de un grupo humano? Hay muchas personas que hacen que su empresa, su equipo, vaya con el «freno de mano» puesto por manifestar una actitud poco creíble. ¿Es posible que yo sea una de ellas?


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