AJUSTAR LAS COMPETENCIAS
¿Cuánto pueden dar de sí las personas que tengo en mi equipo? ¿Hasta dónde debo apretarles? ¿Dónde situar mis expectativas? ¿Qué sería una exigencia razonable? Es difícil responder a estas preguntas, pero resultaría más sencillo si previamente se pudiera responder a la siguiente pregunta: ¿Cómo es el carácter, la sensibilidad, el temperamento y la personalidad de cada uno de los miembros del equipo? Y es que todo resultaría mucho más fácil si el directivo conociera a fondo a los miembros de su grupo de trabajo porque, no lo olvidemos, resulta muy complicado conocer a los demás. Una forma sería intentar conocerse a sí mismo más a fondo porque siempre una persona que no intenta conocerse mejor tiene muy difícil desarrollar la capacidad de conocer a los demás.
Si conocemos bien a nuestro equipo, podremos pedirle que haga aquello que debe y puede hacer. El conocimiento del equipo asegura que a nadie se le esté pidiendo que haga algo que esté por encima de sus posibilidades. Esto, que parece obvio y sencillo, en la práctica, no lo es tanto. Muchas veces encargamos asuntos de importancia a quien no sabe o no puede hacerlo y, con ese encargo podemos arrastrar a esa persona a la frustración, a la desmotivación o al miedo. Nadie dice: “Lo que me han mandado no se hacerlo. No estoy preparado. No tengo formación”. Y, por supuesto, nadie admitirá: “Esto me supera”.
Por tanto, es obvio que debemos de pedir las cosas al que sabe y puede hacerlas. Y para ello, debemos empeñarnos en saber quién sabe y puede; y en saber quién puede saber en el futuro. Es otra obviedad, como la que se ha dicho antes, pero conviene recordarlo. Por otro lado, el que sí sabe pero no recibe el encargo, puede dirigir sus quejas hacia el campo de la confianza. “No confía en mí. No me dice que haga lo que me gusta o lo que sé hacer”, pensará con desconfianza.
La confusión aparece en la cabeza de uno y de otro. Mientras tanto, el jefe no tiene la más mínima idea. ¡Qué dañina es la ignorancia si está en manos del que dirige!
Pedir a la gente lo que puede, lo que quiere -o incluso- lo que conviene que dé, es una herramienta muy poderosa para una buena dirección de personas. Incluso a veces hay que pedir un poco más de lo que ellos mismos se creen capaces, siempre y cuando nosotros estemos seguros de que lo pueden dar. Para exigir de esta manera, hay que conocer muy a fondo al equipo. Si no, las exigencias razonables, se convierten en injusticias.


2012