¿Cuánto pueden dar de sí las personas que tengo en mi equipo? ¿Hasta dónde debo apretarles? ¿Dónde situar mis expectativas? ¿Qué sería una exigencia razonable? Es difícil responder a estas preguntas, pero resultaría más sencillo si previamente se pudiera responder a la siguiente pregunta: ¿Cómo es el carácter, la sensibilidad, el temperamento y la personalidad de cada uno de los miembros del equipo? Y es que todo resultaría mucho más fácil si el directivo conociera a fondo a los miembros de su grupo de trabajo porque, no lo olvidemos, resulta muy complicado conocer a los demás. Una forma sería intentar conocerse a sí mismo más a fondo porque siempre una persona que no intenta conocerse mejor tiene muy difícil desarrollar la capacidad de conocer a los demás.
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